Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa cena del sábado en la Hacienda Santa Sofía no tenía el brillo artificial de los eventos. No había fotógrafos, ni columnas sociales, ni la necesidad de proyectar una imagen para el mercado. En el comedor de techo alto, iluminado por un candelabro de cristal antiguo y por la suave luz de algunas velas sobre el centro de mesa, lo que imperaba era una atmósfera de calma que, para mí, resultaba casi más intimidadora que cualquier fiesta.







