Alex
El sexto día no amaneció con sol; surgió con el sonido rítmico de los pitidos de la UCI, que se sentían más urgentes que nunca. Estaba sentado en el sillón al costado de la cama, con las manos entrelazadas bajo el mentón, observando cada milímetro del rostro de Clara. Fue entonces cuando lo vi: un movimiento en los párpados, seguido de un suspiro entrecortado que hizo oscilar el monitor de oxígeno.
—¿Clara? —Mi voz salió en un susurro desesperado.
Lentamente, esos ojos castaños que habían