Alex
Al segundo día, la neblina del shock inicial comenzó a disiparse, dando lugar a una lucidez fría y calculadora; la parte de mí que construyó un imperio estaba despertando, pero ahora impulsada por un combustible mucho más peligroso: el deseo de justicia. Pasé la noche en vela, repasando mentalmente cada detalle que el médico me había dicho sobre el accidente.
Clara era una conductora excepcional. La vi dominar esa moto en situaciones de tráfico caótico con una calma que muchos automovilist