—¡Hasta que llegas! —grito mi mamá.
Solamente esperaba que no hubiera visto a Alberto, ya que lo que menos quería eran problemas.
—Mamá— murmuré.
Entraba a la casa de manera rápida, para que no viera el carro. Pensé que Alberto se marcharía enseguida, pero no fue así.
—¿Qué haces todo el día? —preguntaba mi mamá molesta.
—Fui a comer helado con un amigo, no le veo lo malo a eso.
—Desde que te juntas con esa niña andas muy rebelde, debes saber que no te mandas sola y eso no te queda claro.