Luciana había dormitado un rato en el sillón, un estado de duermevela que era más agotamiento nervioso que descanso real. Al despertar, el silencio en la suite era pesado, roto solo por el murmullo rítmico de la respiración de Dario y el goteo constante de la vía intravenosa.
Se acercó de nuevo a la cama y se sentó en el borde con cuidado de no perturbarlo. Llevó una mano a su frente para tantear su temperatura y agradeció interiormente que la fiebre había bajado un poco, pero su piel aún estab