Mi vientre crecía con la placidez serena de un otoño tranquilo. Esta vez, el proceso no se sentía como una cuenta regresiva angustiante hacia una amenaza inminente, sino como un viaje lento, hermoso y lleno de luz hacia una bienvenida celebrada. Los meses pasaban marcados por la risa cristalina de Kael y la tranquilidad constante que emanaba nuestro Vínculo triádico.
Al reflexionar sobre mi primer embarazo, no pude evitar comparar las sensaciones: antes, todo estaba teñido por la tensión física