Desperté sumergida en una calidez densa, completamente envuelta por las pieles y por el calor corporal de Xavier. No era la calma artificial de las mañanas anteriores, nacida de la desesperación y el engaño; era la paz curativa, profunda y genuina del Vínculo. Mi cuerpo estaba tan relajado que, por primera vez desde que fui arrastrada a este castillo, sentí el peso firme, constante y tranquilizador del cachorro dentro de mí, creciendo al fin sin el veneno corrosivo del estrés.
Y luego, al mover