El día siguiente llegó como todos los días, sin cambios, si nada nuevo, o al menos… Sin los que Matteo esperaba.
La casa seguía igual, demasiado ordenada, demasiado tranquila, como si nada pudiera romper la armonía fría de aquellos muros de piedra y mármol.
Los jardines exteriores brillaban bajo el sol de la mañana italiana, las fuentes murmuraban con su ritmo constante y el aroma del café recién hecho flotaba desde la cocina hasta el comedor principal. Todo parecía perfecto, pero, Matteo sabía