Matteo entró sin hacer ruido. La puerta se cerró suavemente detrás de él con un clic
Dante levantó la mirada al sentir su presencia. Por un segundo… algo en su expresión cambió. Un destello de sorpresa, tal vez de alivio al ver a su hijo o de precaución.
— Matteo... —dijo, cerrando el libro con calma.
Y como siempre… hubo ese pequeño gesto. Un saludo sin palabras, un reconocimiento mutuo. Casi un ritual entre ellos, el padre y el hijo que se entendían con una sola mirada. Pero no entre Dante y