Un cóctel amargo mezclado con celos.
Dante frunció el ceño ante la interrupción.
— ¿Quién…?... ... —espero pero no hubo respuesta.
— Puedes pa–
La puerta se abrió antes de terminar la frase y era nada más y nada menos que... Alejandro.
Valentina se tensó de inmediato, el aire en la habitación se volvió más denso.
— Necesito hablar contigo —dijo él, ignorando por completo a Dante. Su voz era baja y urgente.
— No es el momento... —respondió Dante fríamente, dando un paso adelante como barrera.
Pero Alejandro siguió caminando hasta