Valentina permanecía de pie en el centro de la estancia, con los brazos todavía cruzados sobre el pecho como si intentara sostenerse a sí misma y apartando ligeramente a Dante y se dio media vuelta. El corazón le latía con fuerza contra las costillas, no solo por la escena que acababa de vivir con Alejandro, sino por la mirada que sentía clavada en su espalda.
Dante no se movía.
Estaba apoyado contra la pared, con los brazos cruzados, pero su postura era engañosa. Por fuera parecía calmado;