Nueve días. Nueve días de un silencio que pesaba más que cualquier amenaza. Vittorio no había movido un dedo. Ni una llamada anónima desde números bloqueados, ni sombras en la entrada del penthouse en Mayfair, ni artículos filtrados en la prensa italiana o británica con indirectas venenosas.
Sus cuentas siguen congeladas en el Reino Unido y en varios bancos europeos, sus socios más cercanos habían presentado renuncias públicas o simplemente desaparecido de los radares corporativos.
Laura lo ha