Horas más tarde, cuando la calma volvió a reinar tanto para Valentina como para Matteo…
Sicilia permanecía suspendida en una oscuridad azulada, esa franja incierta donde la noche se resiste a morir y el día todavía no se atreve a nacer. El mar, apenas visible desde la terraza de la suite, respiraba lento, con olas suaves que chocaban contra los acantilados como un latido, un pulso que parecía sincronizarse con el de Valentina, aunque el suyo era irregular, entrecortado por dudas que no se atr