El Deseo Prohibido del Rey Lycan
El Deseo Prohibido del Rey Lycan
Por: Fénix Vm
01. La caída

Pov Edana

Ya todo estaba listo para este día; las flores en el jardín, los invitados llegando, mi vestido perfectamente blanco que miro en el espejo con una sonrisa.

Todo estaba diseñado para ser una noche inolvidable… ‎sin saber que pronto se convertiría en una horrible pesadilla.

—Ahí está la hermosa futura Luna.

Vera entra regalándome una sonrisa amplia que le devuelvo a través del espejo. Deja en la pequeña mesa, la bandeja que trae antes de acercase.

—Te vez hermosa, hermana. Estoy segura que la Diosa bendecirá tu unión con André, sin importar que no sean compañeros destinados.

Bajo la mirada hacia mis manos.

No podía quejarme, André había demostrado ser el hombre perfecto. El mejor guerrero de la manada que mi padre había elegido para liderar junto conmigo.

Me había enamorado con pequeños detalles, con promesas que, a partir de esta noche, se harían realidad.

—Gracias, Vera —suelto una pequeña risa nerviosa, —no te niego que esto me emociona a pesar de todo.

—Lo harás bien, ya verás —se para frente a mí tomando mis manos entre las suyas—. Nuestro padre ya está orgulloso de ti, en la mujer en que te has convertido. Definitivamente no podía haber pedido a una hija mejor.

Me abraza con fuerza y en el momento en que sus brazos me rodean, puedo percibir un aroma diferente en ella.

Uno que he conocido demasiado bien durante el último año: Romero y bosque lluvioso.

Es el aroma de André.

¿Por qué está en Vera?

Ella se aleja dándome una sonrisa para luego caminar hacia la pequeña mesa.

La sigo con la mirada a través del espejo, sintiendo una sensación extraña que no se va del todo, pero sigue ahí.

Mi loba no le da importancia, a ella no le interesa esta unión y aún así, ahí estaba yo, viendo a Vera de una forma diferente.

No, no, Edana. Seguramente fue un abrazo. Sí, eso es.

Me aliso la falda del vestido para calmarme y dejar de pensar en tonterías.

—¿Lista, hermanita? ya es hora.

—Sí, muy lista, Vera, tan lista como una futura Luna puede estar.

Me giro hacia ella viendo que trae una pequeña taza de té en sus manos.

—Bien, porque esta noche será grandiosa para todos… en especial para ti.

Esa última parte sonó algo extraña, pero lo ignoré.

Ella me guiña un ojo con picardía haciéndome reir mientras tomo la taza de sus manos.

—Sí, hoy por fin seremos uno, Vera, para toda la vida.

—Sí… para toda la vida —repite con algo brillando en sus ojos, fue tan rápido que casi creo que lo imaginé.

—Tómalo rápido antes de que se enfríe. Lo traje para los nervios. Créeme… lo vas a necesitar.

Asiento dando el primer sorbo; el sabor dulce con un toque salado se extiende por mi paladar hasta terminarlo todo.

Me miro en el espejo una última vez, asegurando que todo esté perfecto como se espera de mí.

—Bien, hagamos esto. No podemos hacer esperar más a los invitados.

Me doy la vuelta dispuesta a salir de la habitación, pero todo gira de pronto y el suelo bajo mis pies desaparece.

Caigo sin poder sostenerme de nada, viendo a Vera parada en el mismo lugar mientras todo mi mundo se oscurece.

*****

Un pitido agudo resuena en mis oidos a medida que la conciencia regresa.

Trato de moverme sintiendo el cuerpo pesado, llevando una mano a la cabeza donde un dolor punzante me atraviesa.

Me incorporo lentamente con un gemido bajo, roto, abriendo los párpados para saber en dónde estoy o que sucedió.

El silencio me rodea. La habitación me resulta extrañamente familiar. Hasta que mis dedos tocan algo húmedo, caliente y pegajoso sobre el suelo.

Bajo la mirada un poco borrosa, parpadeando un par de veces para distinguir que es y cuando lo veo, dejo de respirar.

Es sangre.

Cubre mis dedos, manchando el suelo, la alfombra, el vestido blanco que aún tenía puesto.

Pero no se detuvo ahí.

No fue hasta que seguí el camino de sangre y vi el cuerpo aún agonizante, que apenas pude reaccionar.

—Papá…

Me arrastro hacia él, viendo sus heridas, presionándolas con desespero para que dejen de sangrar.

No, no, no, ¿cómo sucedió esto?

—Papá, mírame… mírame… quédate conmigo, por favor… quédate conmigo.

Sus ojos grises, tan iguales a los míos me miran con la vida apagándose en ellos.

—Hija…

Negué sin querer escucharlo. Sabía que quería despedirse y no iba a dejarlo.

Justo en ese momento la puerta se abre de golpe. Vera se queda parada en el umbral, con los ojos abiertos de sorpresa mirándome a mí y luego a mi padre.

—Edana… ¿qué hicistes?

—No… no es… yo no… —quise explicarle, decirle que esto no es lo que cree, pero las palabras no salen

—Lo mataste, tú… tú mataste a nuestro padre, asesinaste al Alfa.

Dio varios pasos atrás negando y luego desapareció por el pasillo.

Regresé la atención a mi padre, mi loba agintandose sin saber que hacer.

—Escúchame… —susurró con dolor, levantando su mano con dificultad para acariciar mi mejilla con la mano húmeda de su propia sangre.

—Ocúltala, hija mía. Escóndela de ellos, no dejes… no dejes que sepan lo que es tu loba.

—Papá…

—Ellos no pueden… no pueden saber quién es.

—¿Ellos quienes? —pregunté al borde de la desesperación.

—Prométemelo, Edana, debes… debes ocultarla.

Negué, bajando la mirada, viendo como su vida se escapa entre mis dedos.

—No me pidas esto, por favor, tu prometiste que siempre nos cuidarias.

Él levantó mi rostro con sus últimas fuerzas.

—Te enseñé lo suficiente… mi pequeño sol. Lo harán bien solas.

Sus ojos se enfriaron poco a poco, hasta que su vida se apagó por completo.

Un grito desgarrador sale de mi garganta sin poder detenerlo, sintiendo el dolor de la pérdida más importante de mi vida traspasarme el pecho.

Así fue como me encontraron los guardias. Llorando, aferrada al cuerpo de mi padre, mientras todo mi mundo se derrumbaba a pedazos.

Manos me tomaron con brusquedad levantándome, sacándome a rastras de la habitación donde aún podía ver a través de las lágrimas, su cuerpo sin vida.

—Ella lo hizo —Vera habló frente a todos los presentes—, ella lo asesinó, yo misma lo vi.

Negué, buscando entre las miradas de odio y acusación, a alguien que me creyera. Me detuve en André con una mirada suplicante, esperando a que dijera algo.

Pero cuando rodeó a mi hermana con sus brazos, dejando un beso en su frente y ordenando que me llevaran, entendí más que suficiente para no seguir luchando.

Me arrastraron hacia las celdas donde fui lanzada contra la piedra fría, mi cabeza golpeó el suelo con fuerza haciéndome ver puntos brillantes.

Ahí me quedé, acurrucada, llorando, tratando de recordar que había pasado, qué había hecho. No podía recordar nada.

Yo… había acabado con la vida de mi padre sin saber como…

«Nosotras no lo hicimos» dijo mi loba, aunque ella tampoco estaba segura «No lo hicimos, Eda, esto fue una trampa. Jamás lastimaría a nuestro padre»

Pero ni ella lo creía.

Lo había hecho antes, perdía el control lastimándolo muchas veces, pero nunca eran heridas de garras.

Ese secreto solo lo sabíamos él y yo. Lo que era mi loba, lo que realmente hacía.

Las horas pasaron interminables y nadie vino a traer al menos agua.

Me encontraba sentada en el rincón más apartado cuando por fin escuché la puerta abrirse.

Levanté la mirada cuando los pasos se detuvieron frente a la reja y vi a Vera con un vestido plateado, brillante, muy diferente al que llevaba más temprano.

—Hola hermanita, ¿que tal tu lujosa alcoba marital? no tan perfecta como soñabas, ¿verdad? —Suelta una risa burlona

Me levanté rápido acercándome a ella, aferrándome a los barrotes con desesperación y sé que ella podía verlo.

—Yo no lo hice, Vera. Me conoces, crecimos juntas, yo jamás le haría eso a mi padre.

—Lo sé —acaricia mis dedos con sus uñas perfectamente cuidadas—. La perfecta Edana jamás cometería el error de matar a su padre. La perfecta Edana jamás hace nada malo. Nunca.

Solana gruñe dando un paso atrás al mismo tiempo que una sensación de peligro me recorre la espalda.

—Pero cometiste un error, uno solito —hizo una pausa, borrando por completo la sonrisa para reemplazarla por un odio que nunca había visto.

—Uno que te costó todo y que, por fin, nos dio a mi madre y a mí el lugar que merecíamos.

Di un paso atrás, confundida.

—Nuestro padre siempre te amo más, siempre su atención era para ti. Cuidándote como un tesoro que alguien, en cualquier momento, vendría a robar, mientras mi madre tenía que vivir bajo la sombra de una Luna muerta que nadie recuerda.

Avanzó un paso, disfrutando de ver mi confusión y las lágrimas que caen silenciosas.

—Pero eso se acabó hoy, Edana. Todo lo que alguna vez tuviste me pertenece. Tu poder, tu vida, tu prometido. Yo seré quien ahora me convierta en Luna.

—La manada jamás va a aceptar esto…

—Pero si la manada ya decidió, —me interrumpió—, te odian por lo que hicistes y pronto… serás condenada a muerte.

Una sonrisa lenta, calculada, fría, se extiende por sus labios acercándose un poco más a la reja.

—Yo ya soy oficialmente la Luna, Edana —aparta su cabello dejándome ver la marca en él—. André ya me reclamó oficialmente delante de todos, así como ya hizo su ceremonia de Alfa frente a la manada.

Me quedé mirando esa marca que debería haber sido mía, apretando los puños de rabia, dolor y decepción.

André me había traicionado con mi propia hermana, dejándome en claro que su "amor" y sus promesas no fueron más que puras mentiras.

—Lárgate.

—Claro que sí, mi gran noche ya espera y mi compañero está impaciente —suelta una risita que me da asco—. Pero, como soy buena hermana, déjame darte un último regalo de nuestro padre.

Sacó algo arrojándolo a mis pies. Era una flor naranja, con petalos brillantes que con la luz, parecían fuego.

Me arrodillé para tomarla como si eso fuera todo lo que importaba.

—¿Sabes qué es lo único que no puedo olvidar, Edana? —susurró bajo, inclinándose lo suficiente para que solo yo pueda escucharla—. La mirada de agonía de nuestro padre, mientras veía como su propia hija hundía aquella daga de plata lentamente en su pecho.

Me congelé por completo ante sus palabras, escuchando el eco lejano de su risa mientras se alejaba.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
capítulo anteriorcapítulo siguiente
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP