28. Él iba a destruirnos
Pov Edana
No sabía cuánto tiempo había pasado, nisiquiera sabía a dónde iba.
El bosque se desdibuja a mi alrededor; cada árbol es tan parecido al anterior que pareciera que corriera en círculos.
El vestido está pegado a mi cuerpo como una segunda piel, empapado y lleno de tierra en el dobladillo.
Se me dificulta correr cuando se pega a mis piernas, pero eso no evita que siga avanzando.
Solana se mantiene alerta de cualquier sonido, guiándome para no desviarme como me lo indicó Artem.