Me volteé a verlo algo temerosa, no de él sino de sus palabras que me tomaron por sorpresa y me bombardeó de dudas.
—Dime de una vez a lo que te refieres —pregunté manteniéndome algo alejada.
—Vamos. —Se puso de pie y tomó mi mano guiándome hacia el baño.
No habló, solo me llevó hasta la ducha y abrió el grifo. Su cuerpo se mantuvo a mis espaldas recostando ligeramente su peso. Sus dedos danzan con delicadeza sobre mi piel, baja por mi abdomen y se deslizan por la cara interna de mis muslos,