—No siento mis piernas —dije mientras caminaba hacia la salida.
—Te recuerdo que fuiste tú quien me pidió ser peor —elevó una ceja.
—Sí, lo sé, pero… —suspiré sintiendo los músculos de mis muslos y cadera adormecidos. ¿Acaso eso podía pasar?— ya no importa.
La mañana ya había llegado hacía un par de horas. Después de pasar la mayor parte de ella bastante ocupada y en varias posiciones, llegó la hora de enfrentar cara a cara a William y estaba más que lista.
—Puedo llevarte —dijo Rei a mi la