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Baketamon se despidió de la florista y se giró para entrar a los aposentos. Amun vio su oportunidad. Con un movimiento rápido y disimulado, extrajo un pequeño guijarro del bolsillo de su túnica y lo lanzó con precisión. El guijarro rebotó suavemente en el suelo de piedra, a pocos pasos de Baketamon, justo cuando ella iba a cruzar el umbral.
El sonido casi ni se notó en medio del bullicio pero Baketamon tenía la agudeza que había desarrollado en su conspiración secreta. Se detuvo, buscando el