Capitulo 120

En el mercado las conversaciones no eran ya sobre el precio de los dátiles o la calidad del lino, sino sobre la guerra. Y entre la multitud, una figura discreta se movía con la fluidez de un pez en el Nilo, una joven doncella con el rostro velado y ojos que parecían ver más allá de las apariencias. Era Kamilah.

Se detuvo junto a un puesto de ánforas, donde dos mujeres ancianas, con sus cestos vacíos, intercambiaban lamentos.

—Dicen que el Comandante Ahmose —suspiró una de ellas—, ha enviado a nuestros hombres a una carnicería. Que el General rebelde, ese Nakht, los despedaza como si fueran ovejas. Mi hijo… mi hijo está allí.

Kamilah se acercó. —La compasión de la Princesa Nefertari es grande, honorable anciana. Ella les ha enviado pan y vendas. Pero ¿qué es la compasión sin la fuerza para proteger a vuestros hijos?

La segunda mujer frunció el ceño. —¿Qué quieres decir, doncella? ¿Acaso la fuerza
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