Capitulo 121

El corazón de Menfis latía en su mercado pero sus venas más oscuras se extendían por los callejones estrechos y fétidos detrás de los puestos principales, donde la luz del sol rara vez llegaba. No había guardias con uniformes pulcros, solo figuras sombrías que se movían con agilidad felina, susurrando tratos y verdades a medias. Este era el reino de Hassan, y él lo conocía como la palma de su mano.

Hassan se movía entre la multitud con la naturalidad de una sombra. No buscaba mercancías, sino susurros. El oro de la Princesa Nefertari para los suministros era importante, sí, pero la información sobre Imhotep lo era aún más.

Se detuvo junto a un puesto donde un hombre flaco, con ojos de lince y manos ágiles, vendía amuletos robados y pociones dudosas. Era un viejo conocido, un nido de rumores que se hacía llamar “El Cuervo”.

—¿Qué se cuenta hoy, Cuervo? —preguntó Hassan. Cogió un amuleto de cobre, fingiendo interés.

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