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—Sí, me enteré, ni siquiera aquí estamos a salvo de los piratas… Lo bueno es que un buen ciudadano se encargó de ponernos al alba. ¿Tienes algún otro plan para poder llevar mis joyas a España?
—Bueno… Yo no, pero parece que su hijo sí. —Atrayendo aún más la atención de la reina, el joyero decide levantar su rostro y sonreír con más confianza—. Me comentó por medio de una carta que contratará a un mercader que tiene una flota de tres barcos. El hombre parece aceptar arriesgarse a enfrentar pira