Abbey soltó un grito y se puso roja como un tomate.
—¡Tú! ¡Tonto!
Evan se echó a reír. Le encantaba provocar a su prometida.
—Por cierto, me da igual si es niña o niño. Con tal de que se parezca a ti, mi pequeño ángel.
Eso la avergonzó aún más.
—¡Un momento! ¡Eso no es lo que yo pensaba! ¡Tú no sabes…!
El joven CEO le cogió la mano y le besó los nudillos, con una sonrisa traviesa.
—Pero, falta mucho para eso, así que hasta entonces, voy a acapararte solo para mí.
Abbey se sintió como una gelati