Mercy inhaló profundamente y deslizó su espada por la pared, junto al viejo armario.
—Aún no he acabado con mi venganza, ¿lo sabes, verdad?
La sonrisa maliciosa de Mercy se ensanchó al imaginar el miedo que debía de sentir Abbey dentro del armario. La pobre intentaba controlar su respiración y sus temblores, pero Mercy podía oírla perfectamente.
—Quiero que Evan sufra el infierno, y para eso te necesito a ti. Eres lo único que le importa.
Mercy se compadeció brevemente de él. Estaba tan perdido