—¿Qué?—Mercy miró con asco a Evan—. ¿Acaso no tienes orgullo? ¿Por qué no te defiendes?
Evan escupió sangre al suelo—. ¿Qué te crees? ¿Qué me has hecho algo? ¿Eso es lo mejor que puedes hacer?—se burló con una sonrisa maliciosa al ver el desconcierto en el rostro de su rival y se pasó la mano por la mejilla, donde había sentido el impacto de la espada de madera—. La fuerza insignificante de un mocoso asustado no me hará ni cosquillas.
Mercy apretó los dientes, sintiendo la punzada de la ira.
—S