Abrió la boca en un bostezo sonoro. Se frotó los ojos, sintiendo el cansancio en sus huesos. Apenas era el segundo día de entrenamiento y ya estaba agotada. Y eso que no era ella la que blandía la espada.
Caminó por el pasillo, curiosa por ver qué harían hoy los espadachines. ¿Usarían las armas de filo o las de madera? ¿Qué técnicas aprenderían?
Se detuvo al pasar por una ventana. Su prometido estaba en el patio, practicando solo con una espada de metal. Se movía con gracia y destreza, como si