—¡Ya voy! ¡Ya salgo!—dijo Roan con voz avergonzada.
Abbey se quedó paralizada. Su corazón latía a mil por hora. ¿Sería posible que él la hubiera visto salir del baño con solo una toalla cubriendo su cuerpo?
¡Qué horror!
Las lágrimas le nublaron la vista.
—No, no, yo salgo primero —exclamó, sin medir las consecuencias.
—¿Cómo? —preguntó Roan, girando la cabeza.
Fue el instante fatal. Abbey salió para correr hacia la puerta, sin embargo resbaló con un pedazo de jabón que había quedado en el suelo