El pitido del monitor era lo único que llenaba el vacío de la habitación privada. Emma abrió los ojos lentamente, sintiendo que sus párpados pesaban toneladas. Lo primero que registró fue el olor a sándalo y hospital, y lo segundo, el calor de una mano grande y firme rodeando la suya.
Cuando su vista se enfocó, se encontró con los ojos azules de Noah Brook. Él no se había movido de su lado; su bata estaba arrugada y sus ojos mostraban un cansancio que nunca antes le había visto.
—Vete, Noah —fu