El sonido del despertador resonó con tanta fuerza que Lora se vio obligada a despertarse. Abrió los ojos de golpe y se incorporó tan rápido que sintió que le daba un mareo. Buscó a tientas su teléfono, con los ojos muy abiertos por el susto.
«No, no, no», maldijo entre dientes, con la voz ronca por el sueño. «Oh, mierda».
Se quedó mirando la pantalla con incredulidad. Se había quedado dormida toda la noche. Ni cena, ni donuts para los niños, nada. Pero lo que le dio un vuelco al estómago fuero