Lora acababa de salir del centro de convenciones y se dirigía hacia el ascensor. Estaba agotada de tanto reunirse con gente, tanto socios comerciales como personas que querían asociarse con ella por primera vez. No había sido fácil estar de pie tanto tiempo atendiendo a todos ellos.
La puerta del ascensor pitó y se abrió. Y justo cuando salía, su mirada se posó en Enzo y Sienna, que estaban sentados junto a la señorita Dani en el banco de espera.
«¡Mamá! ¡Mamá!».
Los dos niños corrieron hacia e