El filete al ajillo y el romero asado estaban sobre la mesa ante Lora, pero ya había perdido el apetito. La idea del regalo de hacía un rato no dejaba de rondarle por la cabeza, repitiéndose una y otra vez como si fuera el mejor pensamiento que hubiera tenido en meses. No dejaba de preguntarse quién era ese desconocido y por qué había dicho que eran amigos sin que ella hubiera podido averiguar su identidad hasta ese momento.
Dante estaba sentado frente a ella, vestido con su esmoquin azul marin