Días después de aquella noche donde las máscaras cayeron y los secretos quedaron al descubierto, la mansión Navarro recuperó una calma inusual, casi irreal. Como si el eco de la fiesta, los escándalos y los rumores se hubieran desvanecido tras el portazo silencioso con el que Karina abandonó la ciudad.
Las mujeres de la alta sociedad, aquellas que alguna vez habían lanzado miradas como cuchillas hacia Nelly, parecían haberse esfumado del mapa. No llamadas, no invitaciones, ni siquiera una menci