La habitación estaba en penumbra, iluminada solo por la luz tenue de una lámpara junto al ventanal. Las cortinas se mecían suavemente con la brisa nocturna que se colaba por la rendija entreabierta, cargando el aire con un aroma mezcla de jazmín y ciudad mojada. El ambiente era cálido, pero no sofocante. Nelly sentía cómo la atmósfera parecía contraerse con cada segundo que pasaba.
Adrián estaba sentado en el borde de la cama, desabotonándose la camisa con los dedos temblorosos. Su respiración