La mañana siguiente llegó tan rápidamente como la noche se desvaneció, pero todo había cambiado. Nelly despertó entre sábanas blancas, aún sintiendo el calor de la piel de Adrián en la suya, y el recuerdo de la pasión que había compartido con él la noche anterior. Sin embargo, había algo más, una sensación extraña que se había instalado en su pecho: confusión. El roce de sus cuerpos, el beso inesperado, todo parecía estar envuelto en una niebla de emociones que no sabía cómo ordenar.
Se sentó e