17 Quíen soy.
— Leonel — murmuró de nuevo Esther, pero él se volvió hacia arriba mirando hacia el techo.
— Hace mucho nadie me llama de esa manera — comentó y se cubrió con las sábanas hasta el cuello. Esther lo vio tan frágil en ese momento que se le hizo absurdo, un hombre de su porte, con su carácter, estaba ahí sufriendo en silencio y ella no pudo hacer más que acercarse y apoyar la mano en su pecho.
Imaginó que eso lo ayudaría a calmar y cuando él la miró a Esther se le cortó la respiración.
Leonel se v