La noche era cerrada cuando Nicolás salió del Hotel Central, donde Emiliano le había expuesto el próximo movimiento. El hombre había sido claro y directo: querían que liderara una misión crítica, algo que probaría su lealtad, pero también marcaría una línea irreversible.
Mientras avanzaba por las calles apenas iluminadas, un peso en el pecho lo asfixiaba. La ciudad parecía diferente a la que él conocía; las luces titilantes y las sombras lo envolvían en un aire hostil y lleno de desconfianza. N