La mansión Alarcón, aún envuelta en un silencio inquietante, albergaba secretos mucho más oscuros de lo que Aitana alguna vez imaginó. La conversación con su madre y su abuela la había dejado más intranquila que antes, y aunque había intentado calmar sus emociones, el peso de las miradas de desconfianza de ambas la perseguía como una sombra.
Aitana subió las escaleras con pasos lentos, su mente en constante movimiento. Mientras cruzaba el pasillo hacia su estudio personal, sintió que la atmósfe