El ambiente en el hospital era tranquilo, aunque las luces fluorescentes y el constante ir y venir del personal médico creaban una sensación de movimiento constante. Aitana, agotada, aún se encontraba sentada junto a la cama de su hijo, su mirada fija en el pequeño que ahora descansaba. El accidente había sido un golpe que no esperaba, pero al menos su hijo estaba fuera de peligro. Sofía, su madre, había insistido en que descansara un poco, pero Aitana se negó.
No podía relajarse. Sentía que al