Amir se sentó en el borde de la cama, la mirada perdida en el ondulante paisaje italiano que se desplegaba más allá de la ventana. El resplandor plateado de la luna atravesaba suavemente las cortinas, llenando el cuarto de una luz etérea y envolvente. Desde el baño contiguo llegaba el murmullo del agua y el eco de los pasos de Olivia, tan reales y cálidos que le arrancaron una sonrisa involuntaria, mientras una brisa fresca colmaba la habitación de aromas a uva madura y a limón recién cortado,