Los disparos partieron el aire, un, dos, tres, el sonido reventó ventanas internas, apagó cualquier racionalidad, los ecos rebotaron contra la fachada del hospital, multiplicándose, un cristal cercano estalló como hielo roto, todo parecía tan irreal.
Fayna sintió que el mundo se convertía en algodón y hierro a la vez, el cuerpo de Jamil busco empujarla o jalarla a un lado, pero ella estaba estancada allí, inmóvil ante una despedida que no sabía bien de que alcance seria, hasta que Theo, que por