Amir observaba su pequeña Desirée, y en verdad no lo podía creer, este hombre en verdad adoraba a sus tres hijos, pero Desirée… era definitivamente otra cosa, de pequeña siempre había sido la más glotona, su llanto resonaba aún más que el de sus hermanos, y Amir no podía evitar carcajearse, por el solo hecho de ver cómo apenas y el biberón tocaba sus labios, la regordeta pelinegra movía sus manitos con desesperación para aferrarse a él, mientras sus ojos tan celestes como los de Olivia lo obser