Theo se abrió hueco entre los periodistas como quien revienta una membrana, el olor a café y cloro de hospital dejó paso al asfalto frio, al humo al que se acostumbra la ciudad, pero nada de eso lo distrajo lo suficiente como para perder su enfoque en Fayna.
Vio la nuca de la castaña, la hebra de cabello rebelde que le rozaba el cuello, y le vino, con crueldad, la primera vez que ella rio sin miedo, la recordó desnuda a su lado, la facilidad con la que con solo una mirada lo hacía sentir como u