Antonella amanece por primera vez, en brazos de un hombre. Un hombre maravilloso como el que siempre soñó. Albert despierta y besa su frente con ternura.
—Es hora de levantarnos. Mi madre debe estar por tocar la puerta. —murmura ella entre suspiros.
—Bien, aunque desearía quedarme acostado aquí a tu lado. —dice y sonríe.
—Yo también deseo estar así, entre tus brazos. —Ella se refugia en su pecho.
Minutos más tarde, salen de la habitación, sus rostros reflejan alegría y plenitud. Al verlo