Una vez que su hija se queda dormida, Antonella la coloca en su cuna, recoge la toalla del piso, se cubre y se dirige a la puerta para cerrarla con llave. En ese instante de lucidez, toma su móvil y ve la llamada de Albert, lleva su celular hasta su pecho, mientras las lágrimas brotan de sus ojos.
Antonella desahoga su dolor en silencio; si en algún momento tuvo dudas de si debía divorciarse de Angelo, en ese momento está segura de que ya no puede seguir al lado de un hombre como él.
Durant