Vamos a casa mi bella prometida.
Carolina, fue sacada de la habitación por dos guardaespaldas robustos, vestido de negro. Ellos no mostraban ninguna emoción, solamente se limitaban a seguir órdenes, así que los gritos por ayuda de la pelirroja, ni iban a ser escuchados.
— ¡Quitenme las manos de encima, malditos bastardos, me las van a pagar, juro que las van a pagar!
La puerta se cerró y solamente quedaron Alejandro y Andreina. El hombre rápidamente la llevó a recostar en la blanca cama que ahora estaba manchada de sang