Andreina, se descompensa en la iglesia.
Un hombre de cuarenta y tantos años, delgado, en buena forma, con un aura de aristócrata, vestido en un elegante traje, se escuchó hablar.
Andreina, no podía creer que tenía a su poderoso y exitoso padre frente a ella cuando volteó a verlo.
— ¡Papá, estás aquí, viniste a mi boda!... — Más de pronto Andreina, pasó de la alegría al llanto. — Papá, te he extrañado tanto, creí que nunca iba a volver a verte, por favor perdóname, fuí tan estúpida, me olvidé de todo lo que tú y mamá me enseñaro