Alejandro Rodríguez, baja del coche y dame la cara.
La mirada verde clara de Marco, se fijó en el coche. Alejandro había salido a ver a una persona importante, pero no se había demorado demasiado, prometió llegar temprano para la cena, y cenar con su prometida.
Detrás del Aston Martin, venían cuatro coches oscuros más, todos ellos eran su escolta personal. No se le separaban por ninguna razón. Siempre atentos, siempre preparados para defender la vida de su jefe. Y hoy en particular, había intrusos a los.cuales enfrentarse.
— ¡Rodríguez, b