Al adentrarse en las profundidades de la montaña de hielo, todo estaba sumido en una oscuridad espesa, apenas rota por el resplandor del bastón de Lucian, que iluminaba su camino. El frío era penetrante, pero las runas en la túnica mantenían una barrera de protección alrededor de Lucian y Elanil.
—Este lugar... —murmuró Elanil, observando las paredes heladas que los rodeaban—. Es más antiguo de lo que pensé.
Finalmente, llegaron a una encrucijada. Cuatro caminos diferentes se abrían ante ellos,