El grupo avanzaba en silencio por el espeso bosque, la atmósfera se volvía cada vez más tensa a medida que se acercaban a la zona tomada por la oscuridad. Los árboles, antes llenos de vida, ahora parecían muertos y marchitos, sus ramas desnudas y retorcidas como dedos esqueléticos. El aire estaba cargado con una sensación de opresión, y la luz del día se desvanecía, absorbida por la creciente sombra.
Elanil, caminando al lado de Lucian, parecía estar meditando algo profundamente. Finalmente, ro