105. Sombras bajo la corteza
El sol acariciaba la aldea con una luz cálida y filtrada, los árboles milenarios susurraban secretos al viento, y los niños jugaban con ramas y piedras encantadas que chispeaban bajo sus dedos. Raven caminaba por el sendero de tierra, con la camisa medio desabotonada y el cabello aún húmedo de la fuente. Su cuerpo había sanado, sí, pero su alma parecía seguir remendándose con hilos invisibles.
Kiara lo esperaba bajo el gran sauce, con un pequeño cuaderno en las manos y los pies descalzos hundid