Ken miró a Kylie y dijo:
—Vamos a jugar a un juego. Si ganas, te dejaré ir y podrás regresar al Four Seasons. Si gano yo, serás mía hasta el día en que mueras, y regresaremos juntos al Four Seasons.
Kylie frunció el ceño. No quería jugar ningún juego con Ken. Sin embargo, al no ver otra salida, asintió con la cabeza. Podía sentir que ese demonio tenía algo preparado. No había forma de que ese hombre la dejara ir, considerando que la última vez había intentado agredirla.
Ken sonrió y le dijo que era una muy buena chica, lo que la hizo sentirse como un perro. Ken se levantó, tomó su mano y la condujo afuera, hacia donde lo esperaba su coche. La sentó en el asiento trasero y luego subió por el lado del conductor. Ella no dijo una sola palabra, pero estaba pensando en todas las formas posibles de escapar de ese demonio.
Ken arrancó el coche y condujo a toda velocidad en dirección al almacén. Cuando llegaron, Kylie notó las sillas de plástico y las colillas de cigarro esparcidas por el sue